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¡Un poco de jazz!

April 25, 2018

 

Llegué a Django Reinhardt por una extraña coincidencia, o quizás no tan extraña. En mi obsesión por Woody Allen, me encontré Sweet and Lowdown, la historia de un guitarrista de Jazz, Emmet Ray, que idolatra a Django Reinhardt… ¡enfrenta gangsters y se enamora de una mujer muda! Mientras la veía, me preguntaba por qué razón Ray idolatraba a Reinhardt cuando él también tenía magia en sus dedos, y la verdad fue, que cuando busqué acerca de Emmet Ray me llevé una sorpresa (que ustedes también se llevarán si deciden verla), y otra más grande cuando me di cuenta que iban a estrenar una película acerca de la vida de Django. 

 

Quise ver Django porque imaginé que sería al igual que Sweet and Lowdon, una película que tendría jazz, amor y acción, pero en realidad, me encontré con la ópera prima del francés Étienne Comar, hasta ahora conocido como guionista y productor,  y para ser poco, con la película que inauguró la 67º edición el Berlinale en el mes de febrero. Es una película tradicional y correcta, convencional porque no explora con profundidad ni la música (por eso fui a verla), ni la vida del aclamado músico, y correcta porque inaugurar un festival con una película que tiene como drama la segunda guerra mundial y la biografía de un músico, me atrevo a decir que no tan conocido… Siempre funcionará. 

 

 

Django empieza en 1943, con la magia de Reinhardt y su guitarra en los teatros de París durante el régimen Nazi. A simple vista, a esta celebridad musical  parece no importarle nada que no sea su amada guitarra y la bebida, no obstante, los problemas llegarán. Y llegan, cuando después de haber dado un gran concierto y haber extasiado al público -incluyendo oficiales nazis-, lo invitan a hacer una gira por Alemania, donde además de ponerle restricciones, casi censurarlo por tener mucho swing (Sí, así lo dicen en la película, swing) y alto porcentaje de música negra (la cual hace bailar a cualquiera), no puede mover los pies al ritmo de la música, si yo me sentí desgraciada cuando vi esto, ¡imagínese ahora un músico!

Reinhardt no está interesado en el mundo exterior, está viviendo y sintiendo su música, se olvida de la guerra, del drama que baña a toda Europa y de la comunidad gitana, esto último es importante porque Django es belga pero de origen gitano. Él desconoce la realidad de los romaníes, hasta que  gracias a Louise de Klerk (una de sus admiradoras, y como no, amante ocasional) decide viajar a un pueblo cerca de Suiza, donde se encuentra con parientes gitanos. Es en esta parte de la película, donde descubrimos a un Django más humano y menos celebridad, a un Django que le toca empezar a ganarse la vida tocando en bares, obviamente camuflado porque él nunca acepto la gira por Alemania, a un Django que reconoce el dolor y el sufrimiento de su pueblo, de su gente, que hasta ahora le parecía lejano y desconocido. 

 

Al comienzo de la película sentí que vería un musical, en el que la magia de Django inundaría la pantalla y los oídos de la audiencia, pero no, la realidad es que la música va quedando a un lado para darle protagonismo a la segunda guerra mundial, al drama de las fugas, los engaños por parte de los nazis, a la censura, a la persecución que sufrieron comunidades como los romas y los audios, y siento que incluso el drama de los romas pudo haberse explotado con más potencialidad y sentimiento, no obstante es un opera prima ambiciosa, busca música, drama, acción y amor, y por ser precisamente ambiciosa, no logra profundizar en alguna de estas temáticas. 

 

Es loable que el director francés en su opera prima evite hacer un biopic cliché, en el cual resuma la historia de un personaje famoso en dos horas, no obstante cae en el temor de no innovar, de no arriesgarse a narrar la historia de una forma que rompa con lo clásico. Me quedé con ganas de jazz, de ver en pantalla grande una historia acerca de los gitanos (y de su música), me quedé esperando más fuerza en las actuaciones, en los planos, sin embargo, ¡qué final! sencillo, sentimental y conmemorativo. 

 

 

Y sí, esta es una doble invitación, para que vean Sweet and Lowdown de Woody Allen y escuchen la música de Reinhardt. 

 

 

 

 

 

 

 

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